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Tutti Frutti

Written By Epigmenio Rojas on martes, 18 de octubre de 2016 | 13:22



Por Profa. Gloria GARCIA ROJAS

Canto Tercero

Divina Comedia

Dante

CHOLULA. – Por mí se va a la ciudad doliente, por m í se va al eternal tormento. Por mí se va tras la maldita gente, movió a mi autor el justiciero aliento hizo la divina gobernanza el primer amor, el alto pensamiento.
Esta leyenda de color oscuro que vi me hizo exclamar inscrita en lo alto de una puerta ¡Cual su sentido duro! Habló el maestro cual persona experta todo temor deseché tu prudencia toda flaqueza debe aquí ser muerta “Es el sitio de que hice ya advertencia donde verás las gentes dolorosas que perdieron el don de inteligencia y tendiendo sus manos cariñosas, me confortó con rostro placentero, y me hizo entrar en las secretas cosas, llantos suspiros aúllo plañidero llamaban aquel aire sin estrellas que me baño de llanto lastimero.
Lenguas diversas horridas querellas, voces altas y bajas en son de ira, con golpes en aire tinto gira siempre por tiempo eterno, cual la arena que en el turbión remolinear se mira, de incertidumbre la cabeza llena pregunta ¿Quién con voz tan dolorosa parece así vencido por la pena?
El maestro, es la muerte ignominiosa de las míseras almas que vivieron sin infancia no aplauso, vida ociosa. En el coro infernal se confundieron con los míseros ángeles, que fieles ni rebeldes a Dios fueron “los que del alto cielo desterrados perdida su belleza rutilante son por el mismo infierno de desechados” y yo ¿maestro, que aguijón punzante les hace rebramar queja tan fuerte? Y él respondió “te lo diré al instante” no tienen ni esperanza de la muerte y es su ciega existencia tan escasa que envidian de oros réprobos la suerte”.
No hay memoria en el mundo de su raza caridad y justicia de los desdeña ¡No hablemos de ellos, pero mira y pasa! Entonces vi de una movible enseña revolotear tan temblorosamente, que de quietud no parecía dueña. Detrás de ella venía tal torrente de muertos, que, al no haberle contemplado, no creyera la muerte tan potente. Luego que algunos hube señalado la sombra vi, del que cobardemente la sombra vi, del que cobardemente, la gran renuncia hiciera de su estado, y comprendí de luego ciertamente, era a triste secta, renegada por Dios y su enemigo juntamente, es la turba que, en vida, no fue nada desmida ya por nubes incesantes de tábanos y avispas hostigada. Que regaban de sangre sus semblantes y a sus pies con sus lágrimas caía chupándose gusanos repugnantes a otro lado tendí la vista mía y vi gente a la orilla de un río que en tropel a su margen acudía, ¿puedo saber, porque tanto gentío? Interróguele, el paso se apresura según columbro en este sitio umbrío. “Lo sabrás, cuando la orilla oscura del Aqueronte triste, la rivera pisemos con la planta bien segura.
Temiendo que mi hablar molesto fuera bajé los ojos y calladamente seguimos hasta el río de carrera, y en una barca vimos de repente un viejo, blanco con antiguo pelo que me gritaba ¡Guay! ¡maldita gente!, no esperéis más volver a ver el cielo, vengo a llevaros a la opuesta riba, a la eterna tiniebla al fuego, al cielo. Y tú que aquí has venido, anima viva vete, no es tu lugar entre muertos y viendo que suspenso no me iba, dijo “por ora playa y otros puertos encontrarás esquife más liviana que te conduzca en caminos ciertos”, y el guía a él Caronte, no así en vano de encolerices, ni preguntes nada lo quiere allá quién manda soberano.
¿Qué opina usted, mi estimado lector?

Pensamiento: Hay cierto odio contra la mentira y y el disimulo. Federico Nietzsche, filósofo alemán.
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