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Costumbres funerarias en el México antiguo

Written By Epigmenio Rojas on lunes, 24 de octubre de 2016 | 10:18

METRO COSTUMBRES

Costumbres funerarias en el México antiguo

Por Ing. Julián ROMERO TEHUITZIL

Primer Parte

CHOLULA.- Entre las costumbres funerarias del México antiguo, la cremación era común, sobre todo para los tlaloque, "reyes", y los nobles. ¿Habrá sido esta práctica una reminiscencia de la inmolación de los dioses en la creación del Quinto Sol en Teotihuacán, cuando las deidades se inmolaron en el fuego para que el sol pudiera andar por el cielo? En las fuentes históricas hay poca información sobre la razón de la cremación.

Sin embargo, la Historia de México apunta que "después [de morir] habían de quemar los cuerpos y guardar las cenizas porque esperaban que Mictlantecuhtli, dios del infierno los dejaría salir y así resucitarían otra vez" (1973: 104). Los cronistas describen los ritos funerarios, la corteza, la madera considerada divinas en estas ceremonias, tienen un papel importante en los funerales de los dirigentes.

Igual que los manantiales, las cuevas y los cerros, a los árboles los consideraban animados y se les hacían invocaciones y ofrendas (Durán 1967, I: 282). La madera y otras partes del árbol acompañaban a la gente desde su nacimiento hasta la muerte. Los árboles resinosos, sobre todo los pinos, eran especialmente apreciados.(1)

(1 Cien especies del género Pinus (Pinaceae coniferales) existen en todo el mundo; más de la mitad se encuentran en México (Styles, 1993: 397).

Asimismo, el uso del papel de corteza, el amatl, fue frecuente en los ritos. La "leña de los dioses", es decir, la corteza, fue el material especial para quemar los cuerpos de los señores, "así tenían a aquel género de leña en gran reverencia", y al incinerar el cadáver del tlatoani, esta corteza hacía "muy hermosa brasa y muy durable en el brasero divino" (Durán, 1967, II: 296, 295). Aquí veremos lo que han dicho los historiadores de los siglos XVI y XVII de la muerte y los funerales de los señores principales en el México antiguo.

Motolinía

Según fray Toribio de Benavente o Motolinía, 1554, (1971: 304307), las exequias de los señores se llevaban a cabo de esta manera: los ritos funerarios se efectuaban cuatro días después de la muerte.

Las personas que participaban en la ceremonia ofrecían mantas y otras cosas pero principalmente esclavos "para matar delante del difunto". Cortaban unas guedejas de cabello de lo alto de la coronilla porque se creía que "la memoria de su ánima" se encontraba en los cabellos y los juntaban con otros que se le habían cortado cuando nació, todo puesto en una caja "pintada por dentro con figuras del demonio". Envolvían el cuerpo en quince o veinte mantas finas, ponían un jade en la boca para representar el corazón. Una máscara "pintada" se colocaba sobre la cara y se adornaba el cuerpo con las insignias del dios principal del lugar, en cuyo templo o patio se había de enterrar.

Las mujeres, familiares y amigos del difunto iban llorando, otros cantando o tocando atabales. Los sacerdotes recibían el cuerpo y allá en el patio del templo lo quemaban con ocote y con "cierto género de incienso que llaman copalli". El primer esclavo sacrificado era el que en la casa del difunto había sido el encargado de cuidar la lumbre en los incensarios de los altares, por eso lo mataban primero para que no le faltara al señor el copal, que siempre debía estar presente en los ritos.

Mientras el cadáver se quemaba, se sacrificaban algunos esclavos que habían pertenecido al difunto y otros que habían llevado los visitantes. El número de los sacrificados dependía del prestigio y la posición del muerto; Motolinía dice que eran entre 100 y 200.

Después de sacarles el corazón, los sacrificadores echaban los cuerpos en el mismo fuego que consumía el cadáver del señor. Para que guiase al difunto, mataban un perro, flechándolo con una saeta en el pescuezo. En este relato el perro conducía por las nueve casas del camino, por las barrancas así como para pasar por las aguas. Se quemaban más esclavos en otro lugar.

Al siguiente día se recogían las cenizas del muerto y las ponían en la caja donde se encontraban los cabellos, junto con la piedra verde que habían puesto en la boca del difunto. Encima de la caja se colocaba una figura de madera que era la imagen del señor desaparecido.

Sus mujeres y parientes hacían una ceremonia ante la imagen y la caja, esa ceremonia se llamaba quitonaltia, "hacer ofrendas al muerto", Durante cuatro días se hacían honras con ofrendas. Al cuarto día mataban otros esclavos porque se creía que en ese tiempo el ánima iba en camino y necesitaba más gente que le ayudara.

Continuaban los sacrificios, a los 20, 40 Y 80 días. Este último era "como cabo de año", ya no mataban más. Sin embargo, cada año se hacían ceremonias ante la caja, sacrificando codornices, conejos, aves y mariposas, al mismo tiempo que ofrecían comida, pulque, flores, caños de tabaco y mucho incienso. Durante cuatro años se repetían las exequias para el "señor principal" y "en esta memoria de los difuntos, los vivos se embeodaban y bailaban y lloraban, acordándose de aquel muerto y de los otros sus difuntos" (lbid. 306).

Motolinía describe las exequias del calzoncin de Michoacán (1971: 301-303). La corteza y el ocote, "la leña de rajas del pino", se usaban también para quemar el cuerpo del supremo dirigente en esa región. Muerto el calzoncin, su hijo anunciaba su deceso a los señores y principales, quienes lloraban el suceso. Luego se procedía con los ritos funerarios: bañaban el cuerpo y lo vestían con ropas finas, que incluía el bezote de turquesa, emblema de realeza.

Colocaban al calzoncin muerto en una litera, con un "bulto" como imagen del difunto hecho de mantas, cubierto con un gran plumaje de largas plumas verdes. Además, ataviaban el bulto con joyas y sandalias y colocaban con la imagen flechas y un arco con su carcax de cuero de jaguar.

Acompañaban al cuerpo del difunto, hombres y mujeres que le habían de servir en el otro mundo: siete mujeres que llevaban los bezotes, una servidora que cuidaba las joyas, cocineras, personas para lavarle las manos o darle el orinal, hombres que le peinaban, un servidor encargado de hacer las guirnaldas de flores, un remero, un barquero, los joyeros, los que fabricaban las armas, los médicos, músicos y danzantes, en fin, todos los que le iban a servir en el más allá, por eso tenían que morir con su amo.

Estas personas tenían guirnaldas en las cabezas y los rostros pintados de amarillo.

A la media noche sacaban el difunto en procesión y con música, al patio del templo de Curicaberi, el principal dios. En el patio había una gran hacina de leña de rajas de pino con mucha corteza, la piel del árbol resinoso.(2 )

(2.- En otra región a la corteza de árboles se le llama 'U pach ch, "su espalda árbol", "la corteza del árbol a la redonda", o sea su piel. (C. Alvarez, 1980,I: 181).)

Los participantes daban cuatro vueltas alrededor de la leña, tocando sus instrumentos al mismo tiempo, entonces colocaban el cuerpo encima de esta madera sagrada y le prendían fuego. Según las crónicas, (3 ) los que iban a morir no sentían "tanto la muerte, teníanlos ya emborrachados, y enterrábanlos detrás del templo de... Curicaberi" (Ibid. 302).

3 Las Relaciones Geográficas del siglo XVI, véase t. 9, Michoacán, 1987, además de Motolinía, Memoriales, 1971.

El cronista no menciona como les daban muerte. Cuando amanecía, el cuerpo del calzoncin estaba hecho ceniza y las joyas se habían derretido. Llevaban las cenizas a la entrada del templo, donde hacían otro bulto de mantas, el cual vestían con joyas, los plumajes y armas del calzoncin, luego colocaban una máscara de turquesa donde estaría la cara.

Entonces "hacían al pie del templo... una gran sepultura bien honda, de más de dos brazas y media en ancho... y cercábanla de esteras nuevas por las paredes y en el suelo, e asentaban allí dentro una cama de madera, e tomaban aquella ceniza con aquel bulto compuesto". Un sacerdote lo colocaba en la sepultura, dentro de una tinaja de manera que mirase al oriente, acompañado por ofrendas y alimentos.

Esta Historia Continuara.


Se despide su amigo Ing. Julián Romero Tehuitzil, colibrifuerte2001@yahoo.com.mx La Caja de Cartón., email: tlciudadana@gmail.com www.tlciudadana.com.mx  de tus amigos
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